Para nosotros, los habitantes de la Tierra, la vida se renueva eternamente como una coreografía interminable de encuentros fortuitos o no: aquellos que nos ayudan a vivir, y otros que son menos necesarios, pero que no podemos evitar porque es imposible vivir solo en sociedad. Así es nuestra educación: aprendemos a aguantar, a tolerar la fantasía de los demás, pero a veces nos encanta.