La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución
Lenin vuelve sobre la teoría marxista del Estado durante la conflagración de la Primera Guerra Mundial precisamente porque el partido revolucionario debía afrontar la lucha contra la barbarie producida por el choque de grandes Estados imperialistas. Hay que subrayar que precisamente en medio de la guerra, en el momento de máxima concentración de fuerza de los Estados con los poderes de excepción, con las energías tensadas al máximo en el esfuerzo bélico y la economía regida por el capitalismo de Estado, con las leyes marciales y con la represión de la oposición para garantizar el mantenimiento del frente interno, Lenin rechaza la teoría de Nikolái Bujarin de la absolutización del poder de los Estados en la época imperialista. Recalca que la democracia es elmejor envoltorio político de la sociedad capitalista, también en la fase suprema del imperialismo. Podemos afirmar que en Lenin ya se encuentran todos los instrumentos para combatir las posteriores teorías del totalitarismo o del súper-imperialismo. La concentración del capital no atenúa, al contrario, exacerba la lucha de la competencia y la competición política por influir sobre el Estado. El desarrollo desigual no se puede suprimir. El Estado totalitario no existe, porque presupondría un equilibrio permanentemente estable, casi una congelación de los equilibrios de las fracciones burguesas, una unidad de movimientos casi absoluta y nunca vista en la historia del imperialismo. Presupondría, en el fondo, un estancamiento persistente de las fuerzas productivas.El gigante Lenin asciende sobre los hombros de los gigantes Marx y Engels y destaca cuánto la burguesía, en su ascenso histórico, perfecciona la máquina estatal, arrancada con violencia revolucionaria a la aristocracia feudal, en la dirección de una mayor capacidad de centralización del poder en los Ejecutivos; y cómo, pese a acrecentar exponencialmente el parasitismo burocrático y militar, sin embargo, la nueva clase dominante necesita el pluralismo para representar sus propiosintereses y conducirlos eficazmente hacia una síntesis. El Estado es el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo visible; debe registrar el desigual desarrollo de las fracciones de la clase dominante y sus luchas. El Estado en la época imperialista es el envoltorio político que representa, a lo largo de una serie continua de combates políticos, el abanico de relaciones de los intereses asentados localmente y el que mejor logra contemporizarlos, disciplinarlos y unificarlos en torno a una línea general con la que someter a la clase dominada como masa de maniobra. La eficacia de la centralización pluralista también se comprueba en la lucha política internacional: el envoltorio más eficaz es el que combate o se entromete en la política de los otros Estados con mayor facilidad, tanto aliados como adversarios.